WUILLY ARTEAGA, EL LIBERTADOR DEL VIOLÍN



No recuerdo cuando fue la primera vez, pero sé que en mi actividad de protesta la cual la acompaño con mi pasión de informar, comencé a encontrarme en ese mismo escenario a un joven acompañado de una dama, ellos manifestaban de una manera muy particular, mientras unos gritaban, otros corrían, otros devolvían las bombas, allí justo frente a los funcionarios lo vi con su arma en mano y su enorme escudo que para la mayoría es invisible, pero es que hay que tener un enorme corazón lleno de mucho amor por Venezuela para enfrentar esta guerra con un violín. Definitivamente, nunca será igual ver una imágen por las redes sociales que vivirla en primera persona, ese día en el cual yo filmaba la feroz arremetida del régimen opresor y al grito de “vienen en moto” me tocó salir corriendo, recuerdo que una de las escenas que vi fue a Wuilly detonar notas musicales que suenan a Venezuela a esos que desde un uniforme con el que juraron defendernos hoy nos persiguen, nos castigan y hasta nos quitan la vida.

 


Los días pasaron, la protesta no se detuvo y cada uno desde su espacio continuó luchando a su modo por conseguir lo que tanto buscamos… Libertad!  Pasado muchos días, me encontraba protestando en La Candelaria, luego de muchas arremetidas por parte de la Policía Nacional Bolivariana, de pronto llega algo de calma y es cuando escuchamos un violín sonar, no era cualquier violín, era ese pequeño héroe en tamaño pero gigante en convicción, allí estaba Wuilly acompañado de su amiga la chica de la flauta; la alegría de los presentes fue un estallar de gritos, abrazos y bendiciones, el hacía lo que bien sabe hacer… música!  Poco tiempo pasó para que los funcionarios que se encontraban apostados en los alrededores del Banco Provincial arrancaran en sus motos contra nosotros y se iniciara de nuevo la represión, represión en respuesta a las notas musicales de Wuilly.


En esos segundo de confusión, todos corrimos al resguardo, es justo en ese momento que me detengo, el motivo: Wuilly y su acompañante; ellos no corrieron a resguardarse como es lo normal en estos casos, ellos continuaron caminando y tocando, eso me impulsó a no dejarlos solos y a caminar a su lado, en ese instante, como en cámara lenta quedó en mi mente cuando los funcionarios en moto pasan frente a nosotros tres y apuntan sus armas, en mi mente pasó lo peor y es cuando veo que disparan pero hacia el grupo de manifestantes…  en medio de la cortina de gases, ellos siguen tocando y lo único que yo podía ofrecer a parte de mi compañía era mi pequeño paño humedecido con agua y bicarbonato, me ofrezco a auxiliarlo a él quien me dice “estoy bien” sin dejar de tocar su violín, indicándome con señas que se lo de a la muchacha de la flauta, ella lo acepta y luego Wuilly lo toma, respira en él y continua tocando y caminando.  Fue así como caminamos unas cuadras, pasando en medio de funcionarios y espectadores de los que siempre encontramos  quienes se detenían a ver el momento.  Al llegar a un punto, nos detuvimos, los abracé, le di mis bendiciones una y otra vez, conversamos un momento y nos despedimos, recuerdo le dije “Dios con nosotros, bendiciones Wuilly”.
Me duele ver que la “suerte” de ese y tantos otros días no sea la misma de hoy; hace sólo una semana recibí la noticia de que había sido alcanzado por perdigones en el rostro, lo cual ya era muy molesto, pues al tener la oportunidad de conversar con él descubrí a un joven humilde en sus palabras, con una voluntad y determinación que no se encuentra con frecuencia, talentoso y con un espíritu de libertad inquebrantable.  Para el momento que escribo estas líneas, Wuilly lleva dos días detenido, privado de libertad, no puedo expresar de ninguna manera lo que siento al saber lo que este régimen le está haciendo pasar, saberlo torturado me causa dolor de madre, pues él representa el rostro de miles de jóvenes que están en nuestras calles peleando contra un régimen que no le importa destruirlos por permanecer en el poder y peor aún contra miles de venezolanos que siguen desde su indiferencia permitiendo que atrocidades como estas estén sucediendo, pues a mi juicio muy personal es tan culpable el que hace un daño como quien no hace nada para evitarlo.  Estoy segura de que los buenos somos más, pero la indiferencia de los buenos es la que permite que los malos logren sus objetivos. 
Muchos siguen pensando que si no opino, si no protesto, si no me opongo el régimen no se meterá conmigo ¿Acaso no has visto lo que ha pasado en incontables zonas residenciales? ¿Acaso no has pasado por una calle de conflicto y has sido afectado a pesar de no decir ni hacer nada? ¿Acaso crees que el régimen te va a preguntar antes de atacar? Lamento decirte que estás en un grave error, el régimen no pregunta, solo dispara.
Wuilly para mi es el Libertador del Violín y así como él hay miles de libertadores en mi Venezuela, pero ya no se quienes son más, si los valientes que teniendo miedo lo enfrentan y lo vencen o los cobardes que se esconden tras la palabra “miedo” para no hacer nada por su propia libertad.
Venezuela pide a grito que el país se llene de millones de Wuilly, que hagan lo que saben hacer con el corazón pues solo así, todos unidos lograremos liberar a Venezuela; VENEZUELA LIBRE!

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