VENEZUELA EN TERAPIA INTENSIVA
Como si se tratara de un familiar amado que comienza por
enfermar, progresivamente cae en cama y con ella las complicaciones que implica
ese estado, ingresa a una terapia intensiva y sin señales algunas comienzan a
apagarse esa vida; así percibo en este momento a mi país Venezuela. Hace ya casi dos década comenzó de una forma
progresiva y acelerada su descomposición ante la mirada incrédula de sus
ciudadanos quienes repetían con firmeza “somos muy arrechos y no permitiremos
eso”, la realidad ha sido otra y es que sin querer aceptarlo hoy somos el
reflejo del espejo de esa Isla llamada Cuba.
Lo usual es ver a ciudadanos enfocados en una sola cosa y es como
resolver la comida de hoy, cómo ingeniarse para pagar los servicios y la
educación de nuestros hijos; otro número significativo ya se cansó y
simplemente optó por la decisión quizás más difícil, esa de emigrar, no importa
donde, no importa que hacer en cualquier otro país, el desespero es tal que el solo instinto de
querer dejar de sobrevivir y comenzar a vivir al menos teniendo la tranquilidad
de que el hampa o el hambre no le pondrán fin a sus días vale tomar esa difícil
pero urgente decisión.
El venezolano
emigrando es un fenómeno nunca antes vivido en este país que abrió sus brazos a
ciudadanos de todas partes del mundo.
Venezuela entra en un proceso muy duro, la crisis se acelera y con ella
el hambre, la desnutrición y la muerte.
Los políticos se pelean sus espacios, prefirieron negociar y callar la
calle a cambio de gobernaciones las cuales fueron perdidas pues mientras los
poderes se encuentren en manos del régimen aquí lo único seguro es la
radicalización; entre tanto a lo interno los partidos se debaten entre
reestructuraciones internas, entre participar o no en las venideras elecciones
sin terminar de leer a un país que muere de forma acelerada.
Fenómenos que en lo
personal no logro entender, mucho se habla de traer a observadores
internacionales que vengan a constatar la situación de hambre que se vive en el
país; debo decir que para los meses de protesta, encontrándome allí en la
calle, en la lucha para lograr el cambio; pude ver a venezolanos hacer la cola
a la espera del camión de la basura y comer directamente de allí, no me lo
contó nadie, yo lo vi. Para estos
últimos tiempos confieso que no lo he visto, por el contrario solo hay que
salir al Boulevard de Sabana Grande por citar un lugar emblemático de la capital y encontrarse con una ciudad que dice
que “todo está normal”…. Podrás
apreciar a ciudadanos que llenan ferias de comida, a quienes compran zapatos
que no bajan de Bs. 700.000,00 cuando un
sueldo promedio mensual es de Bs. 200.000,00 entonces me digo ¿Y qué estoy
haciendo mal yo? ¿Es que la única que está pasando necesidades soy yo? En la
calle hay un fuerte movimiento de dinero y es evidente, definitivamente hay un
grueso que tiene un muy buen nivel adquisitivo; entonces es que acaso no es el
país el que está mal sino yo? Es que si viene un observador internacional no
verá lo que yo veo? Pero a su vez te
encuentras con muchas personas en estado de calle que viven del pedir. Esta
sensación de dos Venezuela no se me quita; mientras para unos el país se nos
muere y con él nosotros, percibo a otros que amasan cada día mayores fortunas,
mientras se contabilizan de forma extraoficial de 4 a 6 niños fallecidos semanalmente por
desnutrición, hay quienes siendo ciudadanos comunes viven a lo grande; es la
realidad que no logro entender.
En medio de este panorama para algunos muy complejo, lo único
que si estoy viendo es la radicalización de quienes ocupan el poder y
convierten a Venezuela en su cárcel personal pues entre el narcotráfico y la
violación continuada de los derechos humanos, ellos están claros de que en
cualquier momento, en cualquier salidita fuera de nuestras fronteras serán
encarcelados, ese es el motivo principal por el cual seguirán luchando a costa
de lo que sea para mantenerse allí en donde están, a estas alturas no les
importa lo que opinen o dejen de opinar a nivel internacional, su verdadero
objetivo es continuar en el poder pues es ese es el único salvoconducto que
tienen. Mientras convirtieron a
Venezuela en su cárcel, también lo hicieron con nosotros los ciudadanos, alguno
dirá que el que se quiere ir se va, pero la realidad es mucho más compleja pues
un ciudadano que vive la lucha diaria de llevar algo a casa para comer, cómo
puede adquirir un pasaje aéreo considerando que cada vez menos aerolíneas
quedan operando en el país y que los costos del boleto se hacen para la gran
mayoría inalcanzables. Venezuela es un
país que muestra pocas esperanzas aún para los más esperanzados, es como el
paciente que le dicen que está vivo pero el familiar sabe que solo lo está
mientras lo mantengan conectado al respirador pues su luz hace un buen rato se
apagó. Siento que mi Venezuela se me está apagando y nosotros con ella.
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