FELIZ NAVIDAD
Esa celebre palabra cargada de tantas energías positivas para estos
tiempos a nivel mundial, hoy en Venezuela suena a una frase hipócrita, un país
que enfrenta la crisis jamás vivida y para otros tantos jamás imaginada, en
donde la remota posibilidad de un regalo a los niños de la casa luce
inminentemente imposible en un contexto país que la ocupación diaria es el
conseguir algo de alimento para llevar a casa.
.
Sin ser economista, percibo un país que enfrenta un punto de quiebre
que de no darse, los días y años por venir huelen a dominación y
mortandad. Luego de mucho darle vuelta conseguí la explicación para eso
que no me explicaba, solía preguntarme a diario como es que se puede hablar de
crisis humanitaria en un país en donde los centros comerciales, las ferias de
comidas, las salas de cines están llenas, no lograba explicarme como unos viven
a lo grande mientras otros buscan el sustento diario en la basura; pues ahora
comparto lo que al fin logré entender.
Existen dos
explicaciones para esa pregunta que por un tiempo muchos como yo nos hemos
hecho; desconozco la cifra oficial, pero lo cierto es que un grueso de nuestra
población se encuentra empleada para el Estado o eso que yo prefiero llamar el
régimen; según información de allegados que son empleados públicos, suelen
recibir buenos montos como parte de su remuneración mediante bonificaciones,
por otro lado están los que sin trabajar y sólo perteneciendo a uno o varios de
los tantos planes que el régimen otorga como y por citar uno "Madres de la
Patria" se ha creado la cultura de para qué trabajar si estando en casa
igualmente percibo un ingreso y así se acostumbran a recibir lo que en el argot
popular venezolano conocemos como "un bozal de arepa".
La otra
realidad es que las familias desmembradas resultado de la migración forzada
para sobrevivir a la situación socio-económica, permite a un grupo de
ciudadanos recibir remesas familiares que al ser convertida bajo el esquema de
la tasa de cambio del paralelo o también conocido como dólar negro, les otorga
a ese grupo privilegiado tener holgura económica y son ellos los que llenan los
centros comerciales, las ferias, cines y los vemos comprando zapatos y
ropa.
Los
anaqueles hablan de un país que mermó su producción nacional y que con cada vez
menos frecuencia trata de tapar esos huecos con mercancía importada con precios
sumamente elevados, lo que trae a la palestra un nuevo escenario, el ciudadano
que con su miserable sueldo no puede acceder a esos productos vs el que tiene
la capacidad de pago para adquirirlo; unos y otros de igual forma los veo
transitar al mismo embudo, un mercado que aceleradamente ofrece menos productos
colocando a ese grupo "privilegiado" a la misma realidad del asalariado
con un sueldo miserable, no existirá en el mercado nada que comprar, lo que
conlleva a la misma realidad pese a los extractos sociales y eso se traduce en
hambre. ¿Acaso puede
existir navidad en los hogares en donde no hay ni un plato de comida?
Sin irnos a
lo banal de las fechas en donde los estrenos, los regalos era la forma normal
de celebrar el nacimiento del niño Dios y la llegada de un año nuevo, celebrar
estas fechas para miles de familias será simplemente imposible, por el
contrario la tristeza, la impotencia y el hambre serán la realidad de muchos.
Si todo esto
no lleva al venezolano a despertar del letargo, a salir del modo zombi por el
cual han permanecido por casi dos décadas, simplemente lo único que veo seguro
es la radicalización de un régimen que ha representado la muerte y el
sufrimiento de cientos de familias venezolanas.
Yusleiny Aristiguieta
@loisinet

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